¿Y si el verdadero problema de las varices no fuera que se ven?

Este artículo tiene carácter informativo y divulgativo. No sustituye la consulta médica individualizada. Si tienes síntomas o dudas sobre tu salud venosa, consúltanos. Reservar primera visita →

Persona caminando por un sendero de montaña al atardecer

La enfermedad venosa crónica se ha asociado en estudios observacionales con un perfil cardiovascular menos favorable. Revisamos qué sabemos, qué no demuestra todavía la evidencia y por qué asociación no significa causalidad.

Cuando hablamos de varices, casi inevitablemente pensamos en lo que vemos: venas dilatadas, arañas vasculares, cambios en la piel o piernas que ya no tienen el aspecto que tenían antes.

Pero la enfermedad venosa crónica no es solamente una cuestión estética.

Sabemos desde hace mucho tiempo que puede producir pesadez, dolor, edema, picor, calambres y, en fases más avanzadas, alteraciones cutáneas e incluso úlceras. Lo que resulta más novedoso es otra pregunta:

¿Puede lo que ocurre en las venas de las piernas proporcionarnos información sobre la salud vascular del resto del organismo?

Una revisión sistemática y metaanálisis publicada recientemente en Journal of Vascular Surgery: Venous and Lymphatic Disorders ha analizado precisamente esta cuestión.

Y sus resultados merecen atención.

Pero también necesitan ser interpretados con cuidado.

Enfermedad venosa crónica: mucho más que tener una vena visible

Antes de continuar conviene hacer una distinción importante.

Tener alguna telangiectasia —las conocidas arañas vasculares— no equivale a presentar una enfermedad venosa avanzada.

La enfermedad venosa crónica comprende un espectro muy amplio. La clasificación CEAP utilizada internacionalmente permite ordenar sus manifestaciones clínicas desde las formas más leves hasta las más evolucionadas: desde las telangiectasias y venas reticulares (C1) y las varices propiamente dichas (C2), hasta la aparición de edema (C3), cambios en la piel (C4) y úlcera venosa cicatrizada o activa (C5–C6).

Esta diferencia será importante para entender los estudios que vamos a comentar.

¿Qué encontró la nueva revisión?

Del Río-Solá y colaboradores realizaron una revisión sistemática de la literatura publicada entre 2011 y marzo de 2025 para estudiar la posible relación entre enfermedad venosa crónica y enfermedad cardiovascular.

Incluyeron 20 estudios observacionales, entre estudios poblacionales, cohortes y trabajos transversales o de casos y controles.

El resultado más llamativo fue que 17 de los 20 estudios encontraron una asociación significativa entre enfermedad venosa crónica y al menos algún evento cardiovascular.

Entre los eventos analizados se encontraban enfermedad coronaria, enfermedad arterial periférica, ictus, insuficiencia cardiaca y mortalidad cardiovascular.

Además, varios trabajos encontraron algo especialmente interesante: la asociación parecía hacerse más evidente conforme aumentaba la gravedad de la enfermedad venosa.

Los pacientes pertenecientes a categorías CEAP C3–C6 —es decir, aquellos con edema, alteraciones cutáneas o úlcera venosa— presentaban de forma consistente un perfil cardiovascular menos favorable que quienes tenían formas más leves.

Esto introduce un concepto importante:

Quizá la gravedad de la enfermedad venosa nos esté proporcionando información que va más allá de la propia pierna.

Pero las personas con enfermedad venosa también tienen más factores de riesgo

Aquí aparece inmediatamente una explicación alternativa.

Las personas con enfermedad venosa crónica presentan con mayor frecuencia hipertensión arterial, obesidad, diabetes, dislipemia, tabaquismo y otros factores que, por sí mismos, aumentan el riesgo cardiovascular.

Por tanto, una pregunta fundamental es:

¿La asociación existe porque ambas enfermedades comparten los mismos factores de riesgo?

Los autores analizaron también los estudios que habían realizado ajustes estadísticos por edad, sexo, hipertensión, diabetes, obesidad, tabaquismo y otros factores cardiovasculares convencionales.

En varios de ellos, la asociación entre enfermedad venosa y acontecimientos cardiovasculares persistió después de realizar esos ajustes.

Es un dato relevante.

Significa que la relación observada no parece explicarse completamente por los factores de riesgo que ya conocemos.

Pero tampoco demuestra que exista una relación causal.

Y esta diferencia es fundamental.

Asociación no significa causalidad

Este es probablemente el mensaje más importante de todo el artículo.

Que dos enfermedades aparezcan asociadas no significa necesariamente que una provoque la otra.

Los estudios incluidos en esta revisión son fundamentalmente observacionales. Podemos estudiar qué ocurre en cientos de miles de personas, corregir estadísticamente múltiples variables y encontrar asociaciones muy consistentes.

Pero siempre pueden existir factores que no hemos medido, relaciones bidireccionales o mecanismos compartidos capaces de explicar una parte del resultado.

La propia revisión presenta además limitaciones importantes.

Los estudios incluidos utilizan definiciones diferentes de enfermedad venosa y distintos eventos cardiovasculares. Existe una heterogeneidad estadística muy elevada.

Dicho de otra manera:

Estos datos no permiten afirmar que tener varices vaya a provocar un infarto o un ictus.

Un estudio de más de 12.000 personas ya había dado una pista

Uno de los trabajos más relevantes incluidos en esta línea de investigación fue publicado en 2021 en European Heart Journal por Prochaska y colaboradores.

Los investigadores estudiaron sistemáticamente a 12.423 personas de entre 40 y 80 años pertenecientes al Gutenberg Health Study.

Encontraron que la insuficiencia venosa crónica aparecía asociada con hipertensión, obesidad, tabaquismo y enfermedad cardiovascular ya establecida.

Pero observaron además que, entre las personas inicialmente libres de enfermedad cardiovascular, las categorías CEAP más elevadas se asociaban con una mayor estimación de riesgo cardiovascular a diez años.

Durante un seguimiento medio de aproximadamente 6,4 años, la presencia de insuficiencia venosa crónica también se asoció con mayor mortalidad por cualquier causa, incluso después de realizar ajustes estadísticos por numerosas características clínicas. Esta asociación se reprodujo posteriormente en otra cohorte independiente.

Es un hallazgo importante.

Pero, de nuevo, debemos leer correctamente lo que significa:

La enfermedad venosa fue un marcador asociado a peor pronóstico; el estudio no demostró que la enfermedad venosa fuera la responsable de ese pronóstico.

¿Existe entonces una causa común?

Es una de las hipótesis más interesantes.

Tradicionalmente hemos estudiado por separado el sistema arterial y el sistema venoso.

En las arterias pensamos en aterosclerosis, colesterol, hipertensión o infarto.

En las venas pensamos en reflujo, insuficiencia valvular, hipertensión venosa o varices.

Pero ambos sistemas forman parte del mismo organismo.

La investigación actual estudia posibles mecanismos compartidos, entre ellos la inflamación sistémica, la disfunción endotelial, el estrés oxidativo, la obesidad y determinadas alteraciones metabólicas.

Algunos estudios incluidos en la revisión han encontrado mayores concentraciones de marcadores inflamatorios y signos de disfunción endotelial en pacientes con enfermedad venosa.

Son mecanismos biológicamente plausibles.

Pero hablar de plausibilidad no equivale a demostrar causalidad.

Y cuando intentamos estudiar causalidad, la historia se vuelve todavía más interesante

En 2024 se publicó un estudio utilizando randomización mendeliana, una metodología que emplea variantes genéticas asociadas a una determinada característica para intentar aproximarse a una relación causal reduciendo algunos de los problemas propios de los estudios observacionales.

Los investigadores estudiaron la posible relación entre predisposición genética a insuficiencia venosa crónica y distintas enfermedades cardiovasculares.

Inicialmente aparecieron algunas asociaciones con insuficiencia cardiaca y fibrilación auricular.

Sin embargo, al introducir en el análisis factores relacionados como obesidad, tabaquismo, enfermedad tromboembólica venosa o ulceración de las extremidades, esas asociaciones se atenuaron y dejaron de ser significativas.

Además, no se encontró evidencia significativa de una relación causal con enfermedad coronaria, infarto de miocardio, hipertensión o ictus.

Este resultado es particularmente útil para interpretar correctamente todo lo anterior.

La relación epidemiológica entre enfermedad venosa y salud cardiovascular existe.

Lo que todavía no sabemos es por qué existe.

Entonces, ¿qué podemos afirmar hoy?

La evidencia disponible permite sostener razonablemente que la enfermedad venosa crónica —especialmente cuando es moderada o avanzada— aparece asociada con un perfil cardiovascular menos favorable y con determinados eventos cardiovasculares.

Parte de esta asociación persiste incluso después de ajustar estadísticamente por factores de riesgo cardiovascular convencionales.

También parece existir un gradiente relacionado con la gravedad: las formas C3–C6 muestran de forma repetida asociaciones más intensas que las manifestaciones venosas leves.

Por tanto, empieza a resultar razonable contemplar la enfermedad venosa crónica como un posible marcador de vulnerabilidad vascular sistémica.

Lo que la evidencia actual no permite afirmar es que las varices produzcan enfermedad cardiovascular.

Tampoco sabemos si tratar una enfermedad venosa reduce posteriormente el riesgo de infarto, ictus o mortalidad cardiovascular.

Para responder a estas preguntas necesitaremos estudios prospectivos específicamente diseñados para ello.

¿Qué puede cambiar esto en la consulta?

Probablemente no necesitamos crear un nuevo protocolo cardiovascular para todas las personas que presentan arañas vasculares o pequeñas varices.

Pero sí podemos aprovechar la presencia de una enfermedad venosa clínicamente relevante —y especialmente de formas más avanzadas— como una oportunidad para mirar al paciente de forma más global.

  • Tensión arterial.
  • Tabaquismo.
  • Glucemia.
  • Perfil lipídico.
  • Peso y composición corporal.
  • Actividad física.
  • Antecedentes cardiovasculares personales y familiares.

Diagrama sobre la relación entre enfermedad venosa crónica y riesgo cardiovascular

No porque podamos afirmar que la enfermedad venosa esté causando un problema cardiovascular, sino porque puede estar ayudándonos a identificar a personas en las que merece la pena comprobar que los factores de riesgo modificables están correctamente evaluados y tratados.

Esta interpretación coincide, además, con una idea básica de la medicina preventiva: no tratar enfermedades aisladas, sino evaluar personas completas.

¿Y qué ocurre con el tratamiento de las varices?

También aquí debemos evitar dar un salto que la ciencia todavía no permite.

Tratar el reflujo venoso puede mejorar síntomas, reducir hipertensión venosa, tratar determinadas complicaciones y mejorar la calidad de vida cuando existe una indicación adecuada.

Pero actualmente no disponemos de evidencia que permita afirmar que tratar las varices previene infartos, ictus u otros eventos cardiovasculares mayores.

Sería una conclusión atractiva.

Pero todavía no está demostrada.

Y diferenciar lo que sabemos de lo que simplemente parece plausible es precisamente una de las razones por las que nace esta sección.

Quizá las varices puedan contarnos algo

Durante mucho tiempo hemos mirado las varices fundamentalmente porque se ven.

La evidencia reciente invita a mirarlas también por lo que quizá puedan representar.

No como una causa demostrada de enfermedad cardiovascular.

No como una señal para alarmarse.

Sino como una posible manifestación visible dentro de un contexto vascular y metabólico más amplio que todavía estamos empezando a comprender.

Tal vez la pregunta correcta no sea únicamente:

“¿Cómo puedo hacer que estas venas desaparezcan?”

Sino también:

“¿Qué me están contando estas venas sobre mi salud?”

Ese cambio de perspectiva no convierte las varices en una enfermedad cardiaca.

Pero sí devuelve a la enfermedad venosa al lugar que probablemente merece: el de una enfermedad que debemos diagnosticar, clasificar y tratar desde una perspectiva médica, y no exclusivamente estética.

Sin alarmismo. Sin banalizar.

Porque entender la evidencia también es cuidar tu salud.


Artículo de información general. No sustituye una valoración médica individual. Texto pendiente de revisión por la autora antes de su publicación.

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Referencias científicas

  1. 1The cardiovascular impact of chronic venous disease: A systematic review and meta-analysis\ Ver referencia
  2. 2Chronic venous insufficiency, cardiovascular disease, and mortality: a population study\ Ver referencia
  3. 3Causal Association of Chronic Venous Insufficiency and Cardiovascular Diseases: A Univariable and Multivariable Mendelian Randomization Study\ Ver referencia
  4. 4The legs are a pathway to the heart: connections between chronic venous insufficiency and cardiovascular disease\ Ver referencia

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